Unas horas después, cuando ya habían salido del restaurante en el que habían almorzado —porque gracias al tiempo que perdieron en la ducha, el desayuno tuvo que ser sustituido por almuerzo—, paseaban tranquilamente por la acera.
Stella iba mirando los escaparates: boutiques de ropa de lujo, tiendas de baratijas y restaurantes jalonaban la calle. Llevaba un vestido veraniego y unas sandalias planas bastante cómodas, y la ligera brisa le levantaba el cabello de la espalda y los hombros.
Cyrus