Cyrus estaba llenando de besos el estómago de Stella, provocándole algunas deliciosas cosquillitas, cuando el estómago de ella gruñó ruidosamente.
―Oh, Dios ―gimió Stella, pasándose la mano por los ojos, avergonzada.
Cyrus soltó una carcajada contra su piel, un ruido sordo que la hizo mirarlo con una sonrisa que era una mezcla de vergüenza y diversión.
Él levantó la cabeza y la miró, con una sonrisa. socarrona en su boca.
—Supongo que tengo que alimentarte antes de que te desmayes.
—Creo que sí. Muero de hambre.
—Bueno, teniendo en cuenta que anoche no cenamos, nos pasamos la mayor parte de la noche quemando calorías y ya son casi las diez de la mañana y seguimos aquí, acostados... es normal que te estés muriendo de hambre. ¿Quieres que te invite a desayunar a algún bonito lugar y luego damos un paseo por la ciudad?
—Me parece bien. Pero antes debemos darnos una ducha, porque hemos sudado mucho.
Cyrus levantó una de sus cejas, juguetón.
—¿Hemos sudado mucho?
Stella