La mañana en Leroux Holdings transcurría con la precisión de un reloj suizo.
El eco de pasos medidos, las voces bajas al teléfono, el aroma a café recién hecho… Todo era tan metódico y controlado como Cyrus Leroux lo exigía. Y, entre ese orden impecable, estaba Stella Davison, sentada tras su escritorio, tipeando con rapidez y una concentración que no admitía distracciones.
Vestía una falda gris y una blusa crema, sencilla, con un discreto prendedor en el cuello. El cabello, recogido como d