Había pasado menos de media mañana desde que Cyrus llegó a su oficina, y ya Stella le había demostrado que se había convertido en una gran distracción.
Se sentía ridículamente atraído por ella. No por ella exactamente, y no de una forma romántica, sino por las cosas que ella hacía, las cuales eran un enigma para él.
Había tardado una hora más de lo normal en terminar su trabajo porque estaba demasiado ocupado mirándola por la puerta e imaginando cómo sonaba cuando gemía, cómo se vería si es