La noche caía sobre la ciudad con esa calma engañosa que solo existe en los sábados que mueren lentamente. Cyrus conducía sin rumbo fijo, con el motor del auto ronroneando bajo la lluvia ligera que empezaba a empañar el parabrisas. El informe de Belial descansaba sobre el asiento del copiloto, como un animal dormido, esperando volver a despertar para morderlo de nuevo con el peso de sus verdades.
El padre de Stella Davison estaba en prisión. Por abuso.
Por abusar de ella.
La frase retumbaba