La mañana en Aspen llegó envuelta en silencio y luz blanca.
Stella estaba apoyada contra el pecho de Cyrus, la respiración tranquila en su oído la calmó. Pero eso sólo duró poco tiempo. Los pensamientos de Stella golpearon, igual de desagradables como despertarse temprano en la mañana. Destellos de antiguas celebraciones de Acción de Gracias llegaron, ayudándole a su madre a cocinar y a preparar todo para la cena familiar, casi tirando el aire de sus pulmones. Su padre también estaba allí en