La mañana en Aspen llegó envuelta en silencio y luz blanca.
Stella estaba apoyada contra el pecho de Cyrus, la respiración tranquila en su oído la calmó. Pero eso sólo duró poco tiempo. Los pensamientos de Stella golpearon, igual de desagradables como despertarse temprano en la mañana. Destellos de antiguas celebraciones de Acción de Gracias llegaron, ayudándole a su madre a cocinar y a preparar todo para la cena familiar, casi tirando el aire de sus pulmones. Su padre también estaba allí en su mente, amargando más su estómago.
Levantando la cabeza, miró el hermoso rostro de Cyrus, más allá de agradecida por él.
Aunque ella era más feliz de lo que alguna vez podría recordar, su humor cambió cuando un vacío se ancló profundamente en sus entrañas.
No quería mirar hacia atrás, pero los fantasmas de su pasado no le permitían seguir adelante. El dolor por su madre se cernió como una oscura tormenta, trayendo una nube de tristeza.
Tratando de escapar de la desesperación que se a