La noche cayó sobre Aspen con una calma casi reverente.
A través de los ventanales de la cabaña, la nieve brillaba bajo la luz de la luna, reflejando destellos plateados que parecían envolverlo todo en un silencio sereno. Dentro, el ambiente era completamente distinto: cálido, vivo, lleno de aromas que hablaban de hogar.
La mesa estaba servida.
El pavo ocupaba el centro, dorado y perfecto, rodeado de platos que habían sido preparados entre risas, errores y mucho entusiasmo: puré de papas cremoso, gravy humeante, verduras asadas, pan recién calentado y dos tartas esperando pacientemente su turno.
Stella observó la escena con los ojos ligeramente humedecidos.
Hace tanto tiempo no vivía algo así.
Louis levantó su copa primero.
—Quiero brindar —dijo, con voz tranquila pero cargada de emoción—. Por esta cena… y por la familia que estamos construyendo aquí.
Stella tragó saliva.
Cyrus alzó su copa también, mirando primero a su padre y luego a ella.
—Por estar juntos —añadió—. Y por todo lo q