La noche cayó sobre Aspen con una calma casi reverente.
A través de los ventanales de la cabaña, la nieve brillaba bajo la luz de la luna, reflejando destellos plateados que parecían envolverlo todo en un silencio sereno. Dentro, el ambiente era completamente distinto: cálido, vivo, lleno de aromas que hablaban de hogar.
La mesa estaba servida.
El pavo ocupaba el centro, dorado y perfecto, rodeado de platos que habían sido preparados entre risas, errores y mucho entusiasmo: puré de papas cremos