—¿Estás emocionada, pequeña? —le preguntó Cyrus cuando se paró bajo el umbral de la puerta de su oficina y cruzó los brazos, apoyándose en el marco para observar cómo ella colocaba la última carpeta en el archivero.
Stella levantó la vista y lo miró, dedicándole una sonrisa tan dulce que Cyrus sintió que el corazón se le derretía en el pecho.
—Mucho —respondió ella sin poder contener la emoción en su voz y cerró el archivero—. Siento como si tuviera mariposas en el estómago.
Cyrus frunció