DORIAN
Me giro hacia el círculo de monjas que quedan, temblando, muchas con los ojos cerrados rezando. El Padre Vittorio las abraza, su rostro es una máscara de dolor y de una furia impotente.
—Se lo preguntaré una vez más —digo, y mi voz ahora es el único sonido en el mundo—. ¿Dónde está Valentina?
Mi mirada recorre sus rostros y se detiene en uno: Sor Benedetta. La más débil. La que ya tiene una grieta. Le apunto directamente a la frente.
Ella solloza, se derrumba de rodillas. —¡Lo juro! ¡Nad