MARCO
Salimos temprano de la comisaría, rumbo al orfanato. Hoy era el día del desalojo forzoso, y quería ser testigo del destino de esos niños, enfrentar la consecuencia última de este caso. Quizás, de algún modo, poder intervenir.
Pero el destino, o el infierno, se adelantó.
La llamada destrozó el silencio del coche, un estallido de estática y urgencia en la radio del panel: "…Se reportan disturbios y posibles disparos en el orfanato Santa María. Alguna unidad cercana al lugar, avisen."
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