VALENTINA
Él deja escapar una risa baja, gutural, un sonido de puro y obsceno deleite, de triunfo absoluto. Es el sonido de un cazador que no solo ha atrapado a su presa, sino que la ha escuchado suplicar por la trampa.
—Eso —susurra, y sus dedos, mojados de mí, acarician mi mejilla con una falsa ternura que es más humillante que un golpe—. Eso es mucho, mucho mejor. Ahora comienza el juego de verdad.
Con un movimiento fluido, me hace bajar de sus rodillas. Me coloca a cuatro patas sobre la alf