DORIAN
Continúo de pie frente al ventanal, viendo cómo la ciudad se empapa bajo una lluvia fina y pertinaz. Detrás de mí, la oficina es un silencio caro, roto solo por el tictac del reloj de pared y el leve sonido de las teclas en la laptop de Gaetano.
Hasta que la puerta se abre sin el aviso de un golpe.
Matteo entra y se apoya contra el marco de la puerta, cruzando los brazos, como un actor que sabe que tiene un papel bueno.
—Tenemos un pequeño escándalo, padrone —anuncia, y su voz tiene ese