CAPITULO 35

VALENTINA

El sol de la mañana se filtra con desgano por los vitrales del Orfanato. La luz no entra limpia: se rompe en colores cansados, como si incluso Dios dudara en mirarnos de frente. Camino por el pasillo con un nudo en el estómago. Rezo, pero no pido milagros. Hace tiempo dejé de creer que llegan a tiempo.

Entonces los escucho unas voces, pasos presurosos. Mi corazón se acelera antes de verlo. El inspector Bellini cruza el portón principal, su sola presencia altera el aire.

La Madre Super
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