CAPITULO 128

VALENTINA

Una de las enfermeras me tomó del brazo con suavidad.

—Vamos —dijo—. Déjelo en manos de Gaetano. Usted también necesita cuidados.

Miré a Dorian una última vez. Su rostro, pálido como la cera. Su pecho, moviéndose apenas. Su mano, extendida hacia mí, como si incluso inconsciente intentara alcanzarme.

—Aguanta —susurré—. Por favor, aguanta.

Y dejé que me llevaran.

Mientras caminaba hacia otra habitación, mientras sentía cómo el agotamiento me vencía, mientras el dolor de mi propio cuerp
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