VALENTINA
Los hombres de Di Santis aparecieron por el pasillo que acabábamos de cruzar y los disparos comenzaron.
—¡CORRE! —gritaron.
Y corrí hacia Dorian, hacia ese bulto inerte que apenas se mantenía en pie, hacia el hombre que había entregado todo por mí. Las balas silbaban a mi alrededor. Los gritos llenaban el aire.
—Dorian —jadeé cuando llegué a su lado—. Dorian, soy yo. Soy Valentina.
Sus ojos se abrieron apenas. Me miró y con dificultad levanto su mano para acariciar mi rostro.
—Lo logr