Villa Isabella, Montes Sabinos
Anochecer
La mesa del comedor podía albergar a veinte personas.
Hoy solo había cuatro.
Elena estaba sentada entre Dante y el niño, frente a Enzo. El lugar de Salvatore. El lugar del jefe. Las rosas negras en el jarrón central parecían observarlas, sus pétalos aterciopelados brillando a la luz de los candelabros.
Enzo sirvió vino con la calma de quien ha esperado décadas para este momento.
"Sabéis", dijo, llenando su copa, "siempre imaginé esta cena". Desde niño. D