Autopista hacia Calabria
Horas después
El coche volaba por la autopista.
Elena tenía las manos blancas sobre el volante, los nudillos marcados por la tensión. Dante iba a su lado, con el teléfono pegado a la oreja, tratando de contactar a alguien en Calabria que pudiera llegar antes que ellos. Antonio y Andrea seguían en otro vehículo, unos metros atrás.
Nadie responde, dijo Dante, colgando. Los teléfonos de los vecinos tampoco.
Sigue intentándolo. La voz de Elena era un hilo de hielo. Mi madre