Roma, Italia
Amanecer
La plaza estaba vacía.
Elena se acercó con paso medido, Dante y Antonio cubriéndose desde los soportales. Andrea vigilaba la calle lateral. No querían arriesgarse, pero tampoco podían ignorar la cita.
El hombre que la esperaba estaba de espaldas, apoyado en la fuente central. Llevaba un abrigo oscuro, el pelo canoso, la postura de quien ha esperado mucho tiempo.
Cuando volvió, Elena sintió que el suelo se abría bajo sus pies.
¿Papá?
Era su padre. El hombre que había muerto