Ginebra, Suiza
Horas después del banco
El hotel donde se hospedaban era anónimo, gris, como ellos necesitaban serlo.
Elena estaba sentada en el borde de la cama, con la fotografía de Dante junto a Di Stefano en las manos. Llevaba una hora mirándola, tratando de encontrar una explicación, un ángulo, una mentira que no fuera la que sus ojos veían.
Dante estaba en la ventana, de espaldas, mirando la calle.
¿Por qué no me lo dijiste? Preguntó Elena.
Porque no hay nada que decir. Eso es un montaje.