Villa Isabella, Montes Sabinos
Tres meses después de la partida de Marco
El verano había llegado con fuerza.
Elena estaba en el jardín, podando las rosas rojas que ahora florecían donde antes solo había espinas. La vida seguía, como siempre, aunque las heridas aún dolían. Marco no había vuelto. No había llamado. No había escrito.
Giulia lo extrañaba, aunque no lo decía. Elena lo veía en su mirada perdida, en las tardes que pasaba mirando el camino de tierra, esperando un coche que nunca llegaba