Itala
Despierto enredada en el cuerpo del asiático. Uzumaki le hace honor a su apodo. Tiene un movimiento giratorio que me hizo correrme duro, pero… no pude dejar de pensar en Neri. Sin importarme que se despierte, empujo su pierna y me libero. Me arrastro hasta la orilla de la cama y la sábana se queda en mi cintura.
—Itala, ¿qué hora es? —Su voz soñolienta no me saca de mi tormento.
—Sigue durmiendo. Me voy a bañar.
Aparto con violencia la sábana y me incorporo sin pudor. Camino hacia el tocad