Azzura
Pruebo por primera vez el líquido preseminal de un hombre. Es raro… No es dulce. No importa. Es él, y eso basta.
Es imposible meterlo por completo, así que aprieto sus bolas y me dejo llevar por sus gemidos. Nunca había sentido el deseo de probar una. Los pocos chicos con los que estuve —dos, contando a Narciso— se dedicaron a hacerme gemir, y ni se me cruzó por la cabeza probar sus palancas. La única que se me apetece es la del Biondo Diavolo.
Y joder… juro que nací para esto. Entro y sa