Baldassare
La luz del sol se filtra por la ventana y me tapo los ojos con el antebrazo. Merda, el otro lo tengo dormido por no moverlo y despertarla. Se suponía que una vez que se durmiera saldría en busca de Guido, pero me ganó el cansancio. Abro y cierro el puño; siento el cosquilleo. Azzura se voltea, se despega de mi pecho y, en el movimiento, me atrapa el brazo: sin darme escapatoria. Ahora su cuerpo me da la espalda. Me tiro encima de ella, enterrándome en su cuello, y aspiro su olor a ber