Azzura
Su pregunta me obliga a sentarme en la camilla. Balanceo las piernas buscando qué hacer con mis nervios.
Este hombre es una eminencia. Su sonrisa es moja-bragas y, al mismo tiempo, desestabiliza a la quintina. Sus labios son un arma letal.
Baldassare no despega los ojos de la tableta mientras yo intento encontrar la mejor respuesta a su pregunta.
«¿Qué hago?».
De todo.
—Me haces dudar —respondo llanamente.
El Biondo Diavolo alza la mirada y me remuevo en la camilla. No hay nada más precio