Capítulo 42: Siempre estaré contigo.
Baldassare
Ella ha gemido.
Por mí.
Mi lado posesivo se golpea el pecho.
Soy un animal territorial.
Nada de ella pasa desapercibido ante mis ojos. Puedo ver su cuerpo cediendo al mío, y eso me desquicia. Rompo la distancia y presiono el cañón del arma contra mi pecho. No temo que me dispare. Si lo hace, lo aceptaré.
Estar cerca sin tocarla es inconcebible. Mis manos pican por sentirla y obedezco, posándolas en su cintura.
—No tienes derecho a tocarme —gruñe, luchando contra nuestra conexión—. Me