Azzura
—Se fue el mesero —aviso, removiendo el trago con la pajita.
—Te condenas al infierno antes de completar la misión —me sentencia Itala al otro lado de línea—. Coquetear en una trampa… solo a ti se te ocurre.
Me río bajito, removiendo el vaso hasta que el hielo choca contra las paredes de cristal.
—Nací en el infierno y lo encuentro fascinante, amore.
—Idiota —resopla, pero la escucho teclear.
Siempre tecleando.
—Es parte de mi personalidad ácida.
Doy otro sorbo al licor dorado.
—No vuelv