Azzura
Al bajarme, vislumbro a Terzo mirando a la distancia y voy directo a su encuentro. Une sus ojos con los míos y ese vistazo responde la ausencia de Darío. «Mi padre se fue… no me esperó».
—Señorita…
—Llévame con él —exijo, apretando su brazo.
—Dio órdenes de que te mantengas en la mansión.
—Negativo, tengo que verlo —reniego.
Iba a dar la vuelta, pero me jala por el brazo y caigo en su duro pecho.
Noto en sus ojos que vio mi obsequio de parte del Biondo Diavolo y lo empujo a la defensiva.