Azzura
—Mírame. —Lo hago porque, si no, insistirá—. Puedo leerte.
«No caigas, Azzura. Tienes que salir, apártate de él».
—Biondo Diavolo, hemos follado. —No reconozco mi voz.
Baldassare saca su pene, y no soporto la horrible sensación. Tengo ganas de pedirle que entre, que me haga suya una vez más.
—No seas ridículo. —Retomo la palabra para apagar mi cerebro—. No soy tuya, ni tu mío. —Cierro las piernas y me bajo del escritorio.
Las emociones me superan y disimulo buscando mi ropa en el suelo. P