—No puede ser —masculló Alma con una mueca.
—Según los reportes iniciales, sí. Dejó una nota. Algo sobre no poder vivir con la pérdida —dijo mientras revisaba la noticia y se detuvo en otro texto.
Irina frunció el ceño.
—¿Qué lees?
—Es que… —la miró—. Se dice que vendió todo a un fideicomiso —susurró bastante bajo con temor de ser escuchada.
—¿Por qué el misterio? —preguntó bajo Alma mirando a los lados.
—El fideicomiso es de… —hizo una pausa y sombrío el nombre en su teléfono antes de pa