—Pasaré por ti a las siete.
La llamada se cortó abruptamente. Alma, aferrada a su teléfono, se desplomó al suelo, completamente devastada.
No había forma de negarse.
Lentamente apartó el móvil y dirigió la mirada a la cama. La caja negra seguía allí, perfectamente acomodada sobre las sábanas blancas, junto a la rosa oscura.
Alma tragó saliva mientras una sensación amarga le apretaba el pecho. Había salido huyendo de Moscú creyendo que controlaba su vida y ahora descubrir que Nikolai ya sabía ex