—¿Todavía cree que siguen esperándolo? —interrogó Alma mirando el árbol. Sin notar como Yaroslav sonrió con melancolía.
—No lo sé —respondió, con voz ronca mientras guardaba silencio unos segundos, mirando el árbol como si en sus ramas retorcidas pudiera encontrar alguna respuesta—. Pero necesito creerlo —continuó—. Porque si dejo de hacerlo… entonces este lugar habrá terminado de vencerme.
Alma sintió un nudo en la garganta.
—¿Cómo es ella… su esposa? —interrogó devolviéndole una sonrisa a