La luz del mediodía atravesaba los enormes ventanales, iluminando el mármol blanco y el agua espumosa de la bañera donde Damian descansaba con la cabeza apoyada contra el borde.
Llevaba casi una hora sin pensar en otra cosa que en Boris Kovalyov, ya que si aquel hombre realmente conocía la verdad sobre Veronika. También sabría el camino que conducía hasta Alma.
¡Ding! ¡Ding!
Damian abrió los ojos y se estiró para tomar la llamada.
—¿Sí?
—Señor Romanov —la voz de Lev sonó al otro lado—. Ac