Click. Click. Click.
Solo se escuchaban el sonido metálico de los cargadores encajando dentro de las pistolas tanto cortas como largas, Nikolai levantó la Glock, comprobó el peso del arma y la colocó cuidadosamente dentro de la sobaquera negra que llevaba bajo el saco.
Una mesa de caoba llena de diferentes armas, cuchillos, varios cargadores y chalecos antibalas. No iba a una reunión. Era un claro repliegue de guerra contra los Sokolov.
Mikhail permanecía apoyado junto a la ventana de la ofi