Cuando Damián abandonó la mesa. No volvió a mirar a Boris Kovalyov, ya había obtenido lo que necesitaba.
Un nombre.
Aleksandr Sokolov.
Mientras caminaba hacia la salida, Lev y el otro escolta se incorporaron inmediatamente.
—¿Todo bien, señor? —preguntó Lev.
Damian asintió sin detener el paso. —Volvemos a suite.
Caminó con paso firme por los pasillos exteriores del casino, flanqueado por Lev y otro escolta. El bullicio de las mesas y las tragamonedas se fue alejando poco a poco mientras