Horas después, la habitación del hospital estaba envuelta en un silencio pesado. Alma permanecía recostada en la cama, con la mirada perdida en el techo blanco, Nikolai estaba sentado a su lado, sosteniendo su mano con fuerza.
El dolor era aún demasiado reciente, un bebé que apenas había existido y que ya no estaba.
La puerta se abrió con suavidad. Andrei entró cargando un ramo de flores blancas y lilas, su rostro reflejaba una preocupación profunda. Cerró la puerta tras de sí y se acercó a