Alma estaba sentada en la zona elevada, con la vista perdida en la multitud del club mientras Andrei, a su lado, revisaba algo en su teléfono con expresión concentrada.
—Esto puede tardar un rato —comentó el joven Romanov sin levantar la mirada—. ¿Quieres algo de beber? Voy por cerveza.
Alma asintió, todavía procesando todo lo que había visto desde que llegaron, no le gustaba el lugar, pero Nikolai le advirtió de esto.
—Una cerveza está bien. Gracias.
Andrei se levantó con una sonrisa fácil.
—M