—¡Mira, Alma! ¡Es para ti! —la pequeña llegó corriendo con diente de león que acababa de arrancar.
Alma sonrió con ternura:—Gracias princesa. Es preciosa.
Tenían una barbacoa armada entre los tres en la finca, Nikolai mostrando sus habilidades culinarias frente a la parrilla, volteando los cortes de carne viendo la escena con una sonrisa.
El móvil de Alma vibró sobre la mesa. Ella frunció el ceño al ver el número del hospital.
—¿Doctor Ivanov? ¿Ocurre algo? —cuestionó.
—Alma… Gracias al ci