—¿Acaso te has vuelto loco? —estalló la señora Calina con una furia que hizo eco en la sala.
Nikolai no apartaba la mirada de Alma. Ni siquiera un segundo mientras la sujetaba por la cintura pegándola contra su cuerpo. Su madre tenía una mirada de absoluto desprecio, sin creer lo que acaban de escuchar.
—¡No tienes ni dos meses conociendo a esta mujer! —le gritó—, y ya quieres hacerla tu esposa, ¿En qué estás pensado Nikolai Romanov?
La tensión aumentó en ese momento, ya no era una discusión