La SUV negra atravesaba la avenida principal rumbo al centro comercial de la ciudad. Dentro del vehículo, Alma pensaba que esos “tres días” iban a destruir su estabilidad mental.
Porque incluso ver a Nikolai Romanov en modo padre era perturbadoramente atractivo.
—¡Quiero los zapatos brillantes! —chilló Stevtlana desde que el auto se detuvo frente a una tienda.
Nikolai alzó sus cejas divertido:—Ayer querías los rosados.
—Ahora quiero esos —respondió la niña.
—Decídete.
Svetlana solo cruzó