—Espérame en mi oficina —ordenó Nikolai al ver su expresión, pero Alma permaneció inmóvil, como si estuviera anclada al suelo.
“Papá” se repetía en su cabeza una y otra vez.
—Alma —la voz de Nikolai la sacó de sus pensamientos—. Ve a mi oficina —repitió esta vez con suavidad.
Alma tragó saliva. Asintió y giró sobre sus talones para emprender camino a la oficina dejando a Nikolai atrás con su pequeña niña.
Minutos después.
La puerta se abrió, Nikolai entró con sus ojos grises clavados