—Señorita Petrov, espere… —Alma bajó de la SUV tambaleándose mientras el guardia intentó detenerla, pero era demasiado tarde.
Ella ya avanzaba rápido a la puerta que fue abierta por una joven empleada del servicio doméstico.
—Buenas noches…
—¡¿Dónde está ese hijo de puta?! —gritó Alma entrando a la mansión como un huracán.
—Señorita, por favor…
—¡Nikolai Romanov! —volvió a gritar—. ¡Sal de donde mierdas estés!
Pronto se escucharon voces, tacones y risas venir desde el comedor principal, y