—Estás jodidamente loco —su voz salió rota mientras que Romanov la seguía observando apoyado de la mesa.
Nikolai no parecía avergonzado de expresar lo que quería. Su vaso de whisky giraba lentamente entre sus dedos tatuados.
—Probablemente —admitió con esa tranquilidad que solo la irritaba—. Pero sabes una cosa.
—¿Qué?
—Vi lo frustrada que quedaste después de que ese alemán te follara.
Las mejillas de Alma se tornaron rojas enseguida mientras sentía mucha humillación. Sus puños se cerraron