Este la levantó fácilmente haciéndola reír mientras caminaba hacia la habitación. La ropa pronto quedó abandonada por el camino entre besos torpes y manos desesperadas.
Cuando finalmente cayeron a la cama, Alma enterró el rostro en el cuello de Jürgen intentó ignorar los pensamientos intrusivos dentro de su cabeza.
«Eres mi propiedad» su voz y ojos grises la atormentaron, pero los labios de Jürgen volvieron a poseerla.
No.
Esta noche, no. Ella iba a olvidar y Jürgen la ayudaría con eso.
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