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El aire estaba cargado de tensión, una tensión tan espesa que podía saborearla en mi lengua. Podía oír los susurros de la manada rival acercándose, sus pasos retumbando en el suelo con una fuerza que me helaba la sangre. Kian estaba tendido a mi lado, su rostro empalidecido por el dolor, y cada vez que intentaba moverse, su cuerpo respondía con un gemido ahogado. Lo miré y mi corazón se es

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