Mundo ficciónIniciar sesiónLa energía en el club nocturno era vibrante en todo su esplendor; la iluminación tenue y sofisticada destacaba la elegancia, la música envolvente resonaba en la pista con una acústica impecable y, en los lugares más apartados, se podían percibir las risas y conversaciones relajadas entre amigos. Alys seguía disfrutando al ritmo de la música. Muchos chicos apuestos quedaron prendados por su belleza, así como por su habilidad para el baile, y se le acercaron para ligar, pero ella los rechazó a todos. La chica se veía realmente atractiva, tanto, que era difícil no admirar esa sensualidad que los cautivaba.
ABEL LENOX Revisaba mi teléfono, mientras estaba sentado en el lujoso sofá de cuero del reservado VIP del club, disfrutaba de unas copas con mis amigos Lucas y Cooper; ellos me invitaron a pasar el rato y acepté. Todo iba bien —un poco aburrido, tal vez—. El sitio era de mi mejor amigo y socio, Lucas, y por supuesto nos encontrábamos en el reservado más exclusivo del lugar, el cual, estaba ubicado en la planta alta y tenía una magnífica vista, pues, desde ahí se podía apreciar todo el establecimiento. De repente, alguien captó mi atención y, mis ojos se posaron en un fascinante ángel. Llevaba un vestido color rojo vino que se ceñía perfectamente a su esbelta figura; el cabello negro y brillante le caía en la espalda y le daba hasta la cintura —¡ella era sencillamente preciosa!—. Tenía un cuerpo espectacular y se movía de tal forma que me dejó sin aliento. En ese preciso momento, se volteó y, por un instante, nuestras miradas se cruzaron; un destello de algo —que no sé lo que fue— se encendió en mí. Sus ojos verdes e intensos eran los más cautivadores que había visto jamás, su rostro se veía angelical y al mismo tiempo seductor; me quedé maravillado con esa hermosa visión en forma de mujer. Ella quitó la mirada inmediatamente; no se sé si en verdad se fijó en mí o si me lo imaginé, pero de lo que sí estaba seguro, es que no podía apartar mis ojos de ella. No sé qué me pasó. Yo no soy así, nunca presto atención a las mujeres; porque todas vienen a mí por dinero, estatus o poder. Son todas, unas interesadas. Pero algo dentro de mí, me decía que ella era diferente; no sé cómo explicarlo o como llamarlo, si destino o presentimiento, lo único que sé es que esa belleza me hacía sentir diferente. Mi mejor amigo lo notó y comenzó a bromear conmigo: —¡Vaya! Parece que esa chica, la del vestido rojo, abajo en la pista; captó tu atención amigo... —me dijo en tono de broma. Lo ignoré, tomé un sorbo de mi whisky, encendí un cigarrillo y aparté la mirada de la belleza que me había hechizado. Una sonrisa ladeada se formó en mis labios. —Tal vez esta noche haya algo que valga la pena admirar en este lugar —respondí sin más. Aunque mis ojos ya no la veían, en mi mente se reproducía su imagen una y otra vez; no podía sacarla de mis pensamientos. En ese instante, llegó Demi Adams con sus amigas. Tuvimos una relación pasajera hace algunos años atrás pero, eso ya se terminó. Sus padres y los míos querían una alianza matrimonial antes de que mis progenitores fallecieran, pero yo no acepto que me impongan nada y mucho menos un matrimonio arreglado. Demi es la heredera del Grupo Adams y siempre está tratando de atarme a un compromiso para casarnos. Pero ella es una chica caprichosa y superficial, una niña mimada que siempre obtiene lo que quiere, pero conmigo se equivoca. Caminó hacia mí y se sentó, aferrándose a mi brazo. —Abel, querido, qué bueno encontrarte aquí —me susurró en un tono meloso. El olor penetrante de su perfume me revolvió el estómago y me zafé de su agarre. —Voy al baño, no me sigas —espeté con fastidio. Salí del reservado y me dirigí al área de los baños. Necesitaba un respiro; la presencia de Demi es asfixiante, siempre quiere estar pegada a mí, aunque le he repetido mil veces que no quiero nada con ella. Iba por el pasillo cuando me topé con una escena que me sorprendió. ALYS Maya tenía razón; el ambiente en este lugar es increíble. Disfrutaba de la noche con mis amigos cuando sentí una mirada sobre mí, me volteé y observé alrededor, pero no vi nada en particular. Me giré nuevamente y alcé mis ojos a la planta alta; allí logré percibir un destello fugaz de unos ojos azul intenso que me miraban. Maya tocó mi hombro y susurró algo a mi oído. —Mira quienes llegaron —señaló hacia la entrada con la mirada. Observé al grupo que iba ingresando al club y ahí estaba él. ¡Brandon Foster!, mi ex, con sus amigos, y detrás de ellos, siguiéndolo venía, Sara Miller, mi supuesta amiga. «¡Traidora! pensé». El DJ cambió a una melodía más romántica, de esas que se bailan en pareja, y mi amiga y su novio me preguntaron. —¿Quieres ir al reservado? Podemos descansar un poco —Sé que lo hacían por mí, como no tenía pareja; ellos no querían que me sintiera fuera de lugar. Para no ser un estorbo, les dije: —Descuiden, sigan bailando. Yo tengo que ir al baño a refrescarme un poco y retocar mi maquillaje. —¿Estás segura? —me preguntó Maya. ¿Quieres que te acompañe? —Sí, estoy segura, y no necesito que me acompañes, puedo ir sola —respondí con una sonrisa y me fui. Entré al baño, me miré al espejo, me retoqué el maquillaje y me dispuse a volver. Pensé que Brandon no me había visto, pero me equivoqué, porque apenas di unos cuantos pasos; el hombre se interpuso en mi camino, diciendo: —Alys, espera, tenemos que hablar. —No tenemos nada de qué hablar —lo fulminé con la mirada y seguí de largo como si hablara con la pared. —Alys, detente —resopló con voz fría y amenazante. Pero no le hice caso, y seguí mi camino como si no hubiese escuchado nada. Tan solo di dos pasos cuando...






