78. Tensión en el aire
—¡Cállate, desgraciado! ¿Cuándo pensabas decirme que andabas con ella? ¡Ah...! Debería terminar de partirte la cara.
—¡Amigo, yo...! —las palabras se le atascaron en la garganta—. No te traicioné, solo puedo decirte que de verdad quiero a tu hermana. Puedes golpearme e insultarme, pero no la voy a dejar. Ella es mi...
—Thomas, no... —soltó ella entre sollozos—. Por favor, para, no sigas hablando. Y tú, hermano, no le pegues más, te lo ruego —imploró Maya.
Viendo el estado de angustia de su ami