Mundo de ficçãoIniciar sessãoEstaba fuera de mi; no podía creer que ellos me hicieran esto. Me sentí engañada. No era solamente infidelidad; era traición —cruel y pura traición—. Los insulté de todas las maneras posibles antes de echarlos del apartamento.
—Lárguense de aquí, ustedes fueron los que fallaron —bramé con ira. Brandon trató de explicar lo inexplicable: —Cariño, ahora estás muy alterada, hablemos con calma. —No hay nada de que hablar, Brandon, lo nuestro se acabó. —Alys, amiga, lo entendiste todo mal. Esto fue un error. No tomes decisiones apresuradas —manifestó Sara entre sollozos. Una risa seca y fría raspó mi garganta. «Que hipócrita» pensé. —¿Me estás diciendo que meter a mi novio en tu cama, en nuestra propia casa, fue solo un error? ¿Qué tan estúpida crees que soy? —la confronté señalándola con el dedo. Brandon trató de decir algo más, pero las palabras se le atascaron en la garganta. ¿Que podían decir para convencerme?, si lo había visto todo con mis propios ojos. Les grité que se fueran y así lo hicieron. Al sonar el clic de la puerta que acababa de cerrarse, la realidad me golpeó con fuerza y en ese instante me derrumbé. Mi cuerpo se deslizó por la pared y caí sentada en el piso, las lágrimas rodaron por mis mejillas sin poder detenerlas y permití que el dolor fluyera. Después de dejar salir todo ese sentimiento que me ahogaba, decidí darme una ducha y me fui a la cama, esa noche no probé bocado, pues no tenía apetito. Mi corazón estaba herido. «Ese par de traidores no se merecen mis lágrimas y mucho menos mi dolor», pensé. Tenía que seguir adelante, le pedí a Dios fortaleza para superar este trago amargo. Brandon fue mi primer novio y, aunque no tuvimos sexo, fue mi primer beso y mi primer amor (al menos eso creía). Estuve dando vueltas en mi lecho hasta que el cansancio me venció y me quedé dormida. Al día siguiente, me levanté con mejor ánimo, y con una determinación: no lloraría más por ese par de sinvergüenzas. Mis padres siempre me decían que yo era una chica fuerte y que, por muy grandes que fueran las adversidades, debía seguir adelante. Me arreglé para ir a la universidad, como de costumbre, y al salir me dirigí al café donde trabajo. Había quedado con mi mejor amiga de la infancia, Maya Harris, para vernos en la noche en un club de moda. Íbamos a distraernos y pasar el rato. Ella acababa de llegar del extranjero, pues estaba estudiando allá. Mi mejor amiga era una rubia hermosa de ojos azules y cuerpo espectacular, ella y yo nos contábamos todo. Obviamente ya la había puesto al tanto de todos los detalles de la noche anterior por teléfono, pero ella quería saber más; con lujos de detalles. Mi querida amiga Maya me apoyaba en todo y quería darle una lección a los traidores con sus propias manos —eso me dijo—. Me la imaginé dándoles una paliza a ese par y nos reímos a carcajadas de sus locuras. Ella es como un vendaval. Cuando salí del trabajo, Maya me estaba esperando afuera, subimos a su auto, fuimos a su apartamento y ahí nos arreglamos. Por recomendación de ella me puse un vestido color rojo vino, muy hermoso y sexi, zapatos de tacón alto del mismo tono y un maquillaje adecuado para la noche; con los labios bien definido. El cabello lo dejé suelto con ondas en las puntas y por supuesto no podía faltar un perfume exquisito pero sutil. Ella también se veía deslumbrante con su vestido negro brillante, que resaltaba cada parte de su esbelta figura. El maquillaje y cabello complementaron su atuendo a la perfección. Su novio Dilan Carter nos recogió en su Mercedes Maybach, él es un heredero de la alta sociedad, ama mucho a Maya y la respeta —su relación es muy estable, ya que están juntos desde la secundaria—. Dilan también es mi amigo; y cuando nos vio salir; los halagos no se hicieron esperar. —Están muy hermosas, chicas. Le agradecimos, subimos al auto y luego partimos al Club Cielo Azul, el más glamoroso de Ciudad Mar. Llegamos y todo en ese lugar gritaba lujo; era el sitio de moda al cual asistía toda la élite de la ciudad. Había mucha gente divirtiéndose en la pista de baile y otros en la barra, así que buscamos un reservado para sentarnos a conversar, el ambiente era genial. Le conté todos los detalles a mi amiga sobre lo que pasó con Sara y Brandon, ella estaba furiosa despotricando insultos contra ellos, pero decidimos cambiar de tema y disfrutar de la noche. Tomamos varios tragos —creo que me excedí un poco, ya que el alcohol y yo no somos muy buenos amigos—. Sonó una música rítmica que está de moda y Maya nos arrastró a Dilan y a mí a la pista de baile. —Vamos a mover el cuerpo chicos, esa música me encanta —dijo ella. El baile era uno de mis talentos favoritos. Comenzamos a movernos al ritmo de la música, me dejé llevar moviendo la cintura y caderas de forma sensual —quería sacar toda la frustración y dejar fluir la adrenalina del momento—. Muchas miradas se posaron en mí, y me invitaron a bailar pero me negué; en realidad quería disfrutar sólo con mi grupo, me sentí en las nubes, bailar me desestresa. Pero mientras ellos estaban disfrutando del momento, unos ojos de un azul intenso observaban a Alys desde lo alto del reservado VIP. Era un hombre alto, elegante, de hombros anchos, cintura estrecha y abdomen plano. Vestía un costoso traje de diseñador a medida, zapatos a juego y accesorios de edición limitada. Su cabello era negro como la noche. Los rasgos de su mandíbula enmarcaban su rostro varonil; sus ojos azules, de un tono intenso, portaban esa mirada que eriza la piel,. Su porte es exquisito: el tipo de hombre con el que todas sueñan, su sola presencia atrae e intimida a la vez. Abel, así se llamaba, no era un hombre cualquiera. Su figura parecía una escultura griega tallada a la perfección y estaba allí dándole un sorbo a su bebida, mientras sus ojos estaban fijos en la deslumbrante pelinegra que movía su cuerpo al compás de la música. Ella totalmente inocente, ni siquiera se había dado cuenta de que había captado la atención del hombre más importante de esa ciudad y quizás del país.






