74. Nuevos planes.
Abel lo sujetó por el cuello de la camisa y lo pegó contra la puerta del auto.
—No estoy jugando, imbécil. Si te atreves a tocarle un solo cabello, acabaré contigo —rugió Abel.
—¿Temes que ella pueda preferirme?
—Si me sigues provocando, te voy a partir la cara.
—¡Uy...! Qué agresivo, primo, solo estaba bromeando contigo. Deberías cuidarla más, pero no de mí; tal vez otros hombres tengan los ojos puestos en ella. Es solo un consejo, nada más.
Abel lo soltó de mala gana.
—No estoy de humor para