La pista de despegue de la terminal de carga del Aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat vibraba bajo el sol del mediodía.
Pero esta vez, no eran aviones privados de lujo llevando a millonarios a paraísos fiscales, ni helicópteros negros transportando equipos de asalto.
Eran tres aviones de carga Boeing 747-8F, pintados de un blanco inmaculado. En la cola, en lugar de una bandera nacional o un logotipo corporativo agresivo, lucían un símbolo sencillo en color dorado y naranja: un sol nac