El fuego tiene un apetito voraz, pero a diferencia de la venganza, el fuego purifica.
En una cala escondida de la Costa Brava, lejos de los rascacielos de cristal de Barcelona, lejos de los juzgados de mármol y de las celdas de hormigón, una hoguera crepitaba en la arena.
El sol estaba empezando a ponerse, tiñendo el Mediterráneo de violeta y oro, un reflejo del moratón que el cielo le devolvía al mar tras la tormenta de los últimos días.
Elena Vargas estaba de pie frente a las llamas.
Ya no ll